Me encantan los viajes por la playa:
Dejar la ciudad, y con ella la calor, para acabar sintiendo la fresca brisa marina en la cara, la arena en los pies y, si el tiempo lo permite, para relajarse flotando en la inmensidad del océano.
La playa es fantástica tanto en invierno como en verano, pero lo mejor es que está llena de tesoros. Caminar por la playa es muy agradable, pero no te limites a ir mirando tus pisadas.
Tengo la costumbre, buena o mala, de ir buscando los regalos maravillosos que la mar deja con sus incesantes idas y venidas.
Algunas cosas de las que encuentro parecen inútiles, pero se pueden convertir en objetos extraordinarios. Y eso es lo que se va a ver aquí, que lo que encuentras en la playa es pura energía:
Ni se crea ni se destruye, solo se transforma.
Hasta pronto.